GBI o De la Inspección de servicios

Este año, la tradicional vorágine de final de curso (préstamos, estadísticas, memorias y proyectos) la agudizó la imprevista visita de tres representantes del GBI, siglas de una prestigiosa entidad privada que evalúa el funcionamiento de las bibliotecas y cuyas calificaciones son especialmente tenidas en cuenta tanto por patrocinadores privados en sus decisiones como por la propia Administración en la asignación presupuestaria de recursos.

Esta acreditada institución únicamente envía a sus inspectores a las bibliotecas escolares por lo que naturalmente recibimos alborozadas la comunicación de su visita, aunque amablemente les sugerimos la conveniencia de que la realizaran en fechas más adecuadas. No fue posible, porque según parece, entre los elementos que se consideran para la evaluación se tiene muy en cuenta la capacidad para afrontar y resolver de manera rápida y eficiente problemas imprevistos. De manera que nos pusimos manos a la obra con el instrumental adecuado (mono de limpieza, bayeta, mocho) y, además de limpiar, corregimos algunas disfunciones del local colgando algún cuadro, eliminando alguna silla y recolocando un par de mesas.

Llegó el día. Los inspectores (contra lo esperado, ropa informal, sonrientes, actitud corporal distendida) se plantaron directamente en la biblioteca, sin haberse presentado previamente a la dirección del instituto. Según parece, el factor sorpresa es esencial para hacer una primera evaluación del campo de estudio, aunque tal proceder pueda chocar con las habituales pautas de cortesía de la inspección educativa. Según nos indicaron, la respuesta de los afectados a esta “aproximación periférica” (son sus palabras) forma parte también del programa de evaluación. Queremos suponer que de nuestra cara de pasmo no extrajeron conclusiones negativas sobre nuestra capacidad intelectiva en general y de organización de la biblioteca en particular.

La visita se inició de inmediato, luego de que nos indicaran que habían visto las exposiciones de la planta baja. Uno de ellos dijo que la del Guernica es “tendenciosa”, lo que produjo el efecto de sustituir la cara de pasmo por la de aflicción. La inspección, ocular y táctil, fue exhaustiva; también hicieron fotografías: de las estanterías, de los carteles oportunamente colgados, del mobiliario. Les gustaron nuestras mesas y sillas de estilo Racionalista; uno de ellos les atribuyó tanto mérito que llegó a afirmar su convencimiento de que deberían estar catalogadas como muestras singulares de nuestro patrimonio nacional. El elogio nos pareció excesivo, aunque se refiriera al patrimonio nacional gallego, cuestión de la que no nos pareció prudente pedir aclaración.

Aparte de la mención al mobiliario, durante la inspección no expresaron ningún otro juicio de valor. Con total asepsia hicieron muchas preguntas, no todas directamente relacionadas con el funcionamiento y organización de la biblioteca, y nos entregaron un cuestionario, que debemos cumplimentar y remitirles en el plazo de un mes, cuyos resultados se recogerán en una curva de regresión múltiple que proporcionará un índice objetivo de calidad al que completará la valoración subjetiva resultante de la visita. Desde luego, el cuestionario es formidable y sería excesivo transcribirlo aquí. Baste, como muestra, la enumeración de algunos epígrafes:

- Medios personales disponibles

- Organización administrativa.

- Horario de apertura y cierre.

- Análisis ergonómico.

- Cuadros input-output.

- Índices de eficacia: cuadros interanuales comparativos.

- Origen y aplicación de fondos.

- Transversalidad: índices de congruencia.

- Análisis de flujos: cálculo del período de maduración.

- Propuestas de innovación: CDU o CCQ (Clasifica Como Quieras).

Y más. En fin, éste es un pueblo hospitalario: les invitamos a comer, en la convicción de que un buen yantar servido en el restaurante adecuado puede contribuir a disipar algunas dudas o a restar importancia a algunas deficiencias. La comida, regada con un excelente Amandi, fue estupenda. Tomamos café en el Parador y después les enseñamos Monforte desde la torre del homenaje de San Vicente, para que por un momento –abarcándolo todo con la mirada- se sintiesen como sin duda se sentían los antiguos Condes de Lemos. Creemos que nuestros visitantes se fueron con ánimo alegre, acompañados de unas botellas de Priscillus que les dimos de recuerdo.

5 comentarios:

Antonio Martínez dijo...

Vou ser prudente e educado como se supón que somos os inspectores, anunciando que o informe avaliativo chegarávos por correo certificado antes do 15 de xullo (data que nos encanta aos inspectores). Nada comentarei en público (nin da foto, nin do texto, nin do xantar). Tan só dicir que eu quería unha camiseta vosa e non unha botella de viño.
Bicos inquisitoriais.

O Segrel do Penedo dijo...

Vaia, e eu que creía ser a primeira en comentar. Bueno, pois xa que se fala de prudencia, serei prudente.
Pero ídevos preparando para o informe que chegará antes do que pensades, moito antes... E por suposto que os GBI queríamos unha camiseta, como non? E eu tamén esperaba unha fermosa libreta do club de lectura, pero bueno conformarémonos só co viño...
Bicos moi, pero que moi GBIs.

Antonio dijo...

No hagas caso a estos dos insensatos, que luego no son tan fieros como pretenden aparentar. Yo estoy muy satisfecho con la botella de vino, pues ya sabía que no hay camisetas de mi talla. Y ya tengo la estupenda libreta de club de lectura (chínchate Loly).
Muchísimas gracias por lo mucho y de tan buena calidad que aportáis...
Gracias Bea !
Gracias Paramio !

Marina dijo...

Que envexa me dades, e eu que tería que estar aí, espero vervos pronto e noraboa por ese traballo tan magnífico que facedes.
Moitos bicos dende Arzúa

Anónimo dijo...

Pois non sabía eu que con Priscillus tamén se podían facer inesperadas inspeccións. Será mester comunicarllo aos viticultores de Loberias, Os Grois, en Barantes, Amandi de Sober, máis aló do Castro de Vilanova... Que tamén esta parroquia o ten, mesmo que lle digan "O Castriño". E non é, con todo, estraño: viño coidado ao sol do sur, nos socalcos de Lobeiras (que xa se dixo, é certo). Felicidades.